lunes, 6 de octubre de 2008
Luciérnaga
Estoy enojado contigo. Me has desplazado a la orilla del zaguán y me has dejado abandonado. Últimamente tus juntas me están quitando tu tiempo. Perece el parecer delante de tan minúsculas ganas de evadirte por ese recóndito camino hojarascado y angosto. Si me parece sentir cuando cuchicheas con esas voces que aparecen en la noche como si estuviesen penando. Y he vuelto a tirar la luna al lago para que se remoje una vez más y no me parece bonito que en vez de una tapita pongas un sello gratinado al calor. No me parece. Por eso hoy solo te dirigiré estas palabras sensatas en medio de la razón más aburrida que los minutos entre una hora. Si una larga hora. Cuando te decidas a entrar en mi escondrijo veré que historia te volveré a contar. Después de cinco minutos tú me encendiste y la tarde se olvido del reloj. En verdad no hay tiempo determinado. Siento las explicaciones que das al entrar. Te abriré una vez más. El desierto esta rogado por esas extrañezas que haces…y yo que deseaba escribir más. Aquí de nuevo contándote una historia…tú haces que haga cosas cuerdas, y solo quiero ser un loco más. Déjame…no…no…ya…ya…siéntate y te cuento. Y me acercaba al ruido de la melodía que emitía el piano, cuando aparecía esa luciérnaga que iluminaba todo el recinto, lo volvió como un papel celofán y quedo metiendo ruido un buen momento, quisimos abrir las ventanas para que se fuera pero todo resulto en vano. Entonces se apago. Todos quedamos en silencio esperando que volviera a iluminar pero nada. Así que volvieron a cerrar sus bocas, todos esperaban que entrase en ellos.
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2 comentarios:
Solo te había leído...ahora recién te estoy cachando. Cariños.
¿Y que te paso?...¿Por qué no escribiste ayer?
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