viernes, 10 de octubre de 2008

Pantera sin razón

En una gota estas tú, ahí te veo. Un poco desfigurada por el efecto gotil. Suspendida de la última hoja del cardenal florido del jardín suicida que evita morir. Solo manjares de leche criminal puede dejar que caiga en tierra. Dulces lágrimas que llenan el cántaro de la bebida cítrica. No hay nada oportuno en un hueco que da al pasado, ni menos uno que da al futuro. Escucha sin oídos, la historia que relataré. Mientras tanto no podía evitar que las nubes transitaran ese cielo amarillo por la débil luz que emitía la Luna remojada. Una frase me dijo que quedó resonando en el aire. Los mensajes deseosos por salir del lenguaje trivial se atochaban en pequeñas columnas que se convertían en vidrio traslucido delante de esos ojos de pantera. Y se vio entonces, y luego salio corriendo, tropezando en calles estrechas que no podían permitir todo su ser en su camino. Luego se detuvo agitando todos sus pensamientos que destilaban esa inspiración, suspirando por ambos agujeros de su nariz. Ya era difícil estar más triste, porque ya no era triste, sino que profunda, eso era. Profundidad esperada en los ecos de los amaneceres superiores del castigo mental, que había crecido bajo su piel. Y salía todo de atrás para adelante, moviéndolo todo, reponiendo esos “aquires”. Pero luego de un momento no tuvo que decir tanto, porque su boca se había convertido en una voz sin razón.

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