martes, 13 de enero de 2009

las ¡oh!

Venite para acá y deja observarte, hoy pareces mas trasparente que anteayer, entonces como rozando las cumbres vuelas hasta abrigarte con toda esa dulzura tan propia de la miel que destilan los árboles en primavera, sonrojándome en demasía, confundiéndose la amarilla luz violeta de los ocasos con tus ojos. Me gusta observarte llevando las cosas de un lado para el otro, nada más, porque siempre estarán en mi esos buenos momentos. El asfalto de océanos es un charco cómplice del viento, escapándose, no puedo dejarte de recordar lo que ya sabes, en aquellas islas perdidas, sin decirte lo lejos que me queda grande en los pasos, importante es jurar de adelante para atrás. Y pegar, en millones de estrellas las ¡oh!...si las ¡oh!. De aquí para allá, y quepa la condena de la Luna, el recuerdo se disfraza de intuición, tú nunca usaras la inspiración, pero la voz la escucharas entre la espuma y las olas. Cambiaras cada vez lo ciega de la mariposa en el fuego de esas guerras perdidas, ¿Por qué fue tan ciega para chocar contra el fuego?.
Déjame escucharte, ahora te creeré hermosa mía, lo fuerte que esto a veces, sin palabras es una gana insoportable, lo colocaré en un papel, para que luego se pierda entre todas las ganas de aquella forma sin lugar de un segundo en un segundo. Fuimos a parar a este lugar en donde ya hemos solucionado el agujero, y no hemos necesitado de una tapa, y fue la misma Luna remojada, que caminando por el camino traslucido sobre el agua, nos la vino a entregar, bien por ella, hemos dado un paso hacia la negación de nuestras necesidades.

martes, 6 de enero de 2009

Humedad

Y se escapa furiosa la tristeza por en medio de las piletas que salpicaban toda clases de gotas, estrepitosamente saltaban. Algo que estaba perdido, ahí se interponía entre el caer y el mojar de las gotas sobre la superficie de la laguna. Aun que placidamente parecían justificarse a si mismas, no podían, algo interfería entre ambas, porque si bien parecían idénticas, ambas estaban encapsuladas en sus realidades, encapsuladas, lo que hacia que ni una gota pudiese traspasarse a la otra. Y bueno, lo único que quedaba era observarse, como yo ahora te observo tan placida y recostada ahí sobre esa vieja telaraña de circunstancias, queriendo descifrar mi interior, pero no podrás, aun no recibes el titulo de psicoanalista. Aun cuando quieras tentarme con aquellas palabras y todo ese artilugio de maquinaciones tan propias de una psicópata, te quiero, pero no podrás. Aun, tenías bien dispuesta la ruta que seguirían mis acontecimientos pero no mediste el paso seguro, de que yo me iba a dar cuenta, del transitar meditabundo. Nunca podrás adivinar el interior de mi humedad, solo serás capas cuando tú derrames el líquido que esta en tu interior, ahí en ese charco te reflejarás y me verás a mí, y te verás tú. Ahora se que has querido tapar el agujero con otras tapas, como yo también lo intente, pero sabes bien que eso agranda aun más el espacio. Y dile a Luna que puede tirarse y remojarse sola, porque hoy, yo no estoy para eso.