jueves, 16 de octubre de 2008

Panal de fuego sin amor

Partiré de tus manos cuando comience a llover y las lagrimas se confundirán con las gotas que caen desde la altura, desprendiéndose de su ayer, pero nada puede cubrir lo que el mar desoló es un frío contundente. Abrazándome a las aves que pasan pero no pasa nada. Voy volviendo, volando con los ángeles que pululan cerca de mí. Por fin escucho ese ruidito de la guitarra que tocas, un poco desafinada por las mañanas, voy hacia ese extremo del sol. Me parece haberte escuchado antes, pero es una locura de mis locuras…ya estas nuevamente riendo…te contaré esta historia. Te daré una viva llamarada entre los dioses que te señalan como un fornido que deja las miradas intensamente camufladas tras las pestañas del teatro en ruinas. Sueño, que tu alma, es distinto a una mariposa que busca donde caer rendida después de volar tantos kilómetros cautivos de tu existencia. Entre sonidos de alabanza tántricas desde el cuerno de la cabra. Misteriosamente su piel en un panal de fuego sin amor, que fue escrito en rocas del sur acabadas por la tormenta y su viento. El licor cae desde su boca, para que su vida fuera la vida de ella, pero el alba no les deja concretar esa ceremonia mitológica. Se sacuden violentamente de todas sus porquerías y aun les queda algo ahí dentro. Se ayudan con la melodía de un violín para calar más adentro, entonces se van reconociendo…¿por qué preguntas hoy por la Luna remojada?...ya no está, está colgada más luminosa que antes…deja terminaré pronto. Vos sos muy…luego lo diré…entonces…ahí convergieron todas las causas posibles para que todo se diese de la manera que no tenia que ser y se hicieron el uno a la otra, la otra a lo uno. ¿Dónde estará? En todas las esquinas donde crecen esas flores nocturnas, que florecen para unos y para otros. Ahora sé porque tu alma no es como una mariposa, nace todas las noches.

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