viernes, 3 de octubre de 2008

Restos de átomos

Ahora estas apesadumbrada, no te dije que no hicieras eso, tu enanito esta inundándolo todo con esas basuras de lodo. Llegas hasta la parte principal del movimiento de la luz y crees poder repararla. Dame luego esa tapita para poder cubrir este agujero de nuevo. Cayendo y no tocándote como un cristal, tu cuerpo rechina y sale detrás de la luna, que hoy ya no está remojada. La has colgado en la muralla y alumbra tu noche. Gritos silenciosos en tu nombre quieren retener todo el ruido que viene detrás de ti. Mujer precisa e imperfecta. Me encanta tocarte en canciones, ahí te gusta danzar…cada segundo cada visión te puedo tocar por lo menos con las cuerdas de esta guitarra. Has dejado de estar húmeda como esa luna. No rías, es cierto, porque malditamente siempre te ríes de las cosas que te digo. Suspiras ahora de los restos de esos átomos que quedaron desparramados sobre tu mesa de comer. Te cuento entonces de una vez para que puedas salir y por favor no botes la tapita. El rocío cae en gotas de las nubes, y entonces yo estaba recostado sobre la pradera que estaba desmembrada y temblorosa, solo me faltaba que saliera el sol, pero como había una nube, lo cubría. Y me quede ahí observándole y me dio pena, el sol quería mostrarme algo pero esa nube se interponía entre los dos. Tú sabes, cosas de hombres. Era terrible implacable…pero ahora el silencio se hizo mortal. Eres traviesa y dolorosa, escúchame, no te cansas de ver claramente con tu paciencia, buscando palabras para dar vida y amor. En cualquier rincón de tu mar, alumbras esa profundidad, porque esa es tu necesidad. Y hasta aquí te relataré hoy porque veo que ni asunto encuentras en esta historia.

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