martes, 6 de enero de 2009
Humedad
Y se escapa furiosa la tristeza por en medio de las piletas que salpicaban toda clases de gotas, estrepitosamente saltaban. Algo que estaba perdido, ahí se interponía entre el caer y el mojar de las gotas sobre la superficie de la laguna. Aun que placidamente parecían justificarse a si mismas, no podían, algo interfería entre ambas, porque si bien parecían idénticas, ambas estaban encapsuladas en sus realidades, encapsuladas, lo que hacia que ni una gota pudiese traspasarse a la otra. Y bueno, lo único que quedaba era observarse, como yo ahora te observo tan placida y recostada ahí sobre esa vieja telaraña de circunstancias, queriendo descifrar mi interior, pero no podrás, aun no recibes el titulo de psicoanalista. Aun cuando quieras tentarme con aquellas palabras y todo ese artilugio de maquinaciones tan propias de una psicópata, te quiero, pero no podrás. Aun, tenías bien dispuesta la ruta que seguirían mis acontecimientos pero no mediste el paso seguro, de que yo me iba a dar cuenta, del transitar meditabundo. Nunca podrás adivinar el interior de mi humedad, solo serás capas cuando tú derrames el líquido que esta en tu interior, ahí en ese charco te reflejarás y me verás a mí, y te verás tú. Ahora se que has querido tapar el agujero con otras tapas, como yo también lo intente, pero sabes bien que eso agranda aun más el espacio. Y dile a Luna que puede tirarse y remojarse sola, porque hoy, yo no estoy para eso.
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