Venite para acá y deja observarte, hoy pareces mas trasparente que anteayer, entonces como rozando las cumbres vuelas hasta abrigarte con toda esa dulzura tan propia de la miel que destilan los árboles en primavera, sonrojándome en demasía, confundiéndose la amarilla luz violeta de los ocasos con tus ojos. Me gusta observarte llevando las cosas de un lado para el otro, nada más, porque siempre estarán en mi esos buenos momentos. El asfalto de océanos es un charco cómplice del viento, escapándose, no puedo dejarte de recordar lo que ya sabes, en aquellas islas perdidas, sin decirte lo lejos que me queda grande en los pasos, importante es jurar de adelante para atrás. Y pegar, en millones de estrellas las ¡oh!...si las ¡oh!. De aquí para allá, y quepa la condena de la Luna, el recuerdo se disfraza de intuición, tú nunca usaras la inspiración, pero la voz la escucharas entre la espuma y las olas. Cambiaras cada vez lo ciega de la mariposa en el fuego de esas guerras perdidas, ¿Por qué fue tan ciega para chocar contra el fuego?.
Déjame escucharte, ahora te creeré hermosa mía, lo fuerte que esto a veces, sin palabras es una gana insoportable, lo colocaré en un papel, para que luego se pierda entre todas las ganas de aquella forma sin lugar de un segundo en un segundo. Fuimos a parar a este lugar en donde ya hemos solucionado el agujero, y no hemos necesitado de una tapa, y fue la misma Luna remojada, que caminando por el camino traslucido sobre el agua, nos la vino a entregar, bien por ella, hemos dado un paso hacia la negación de nuestras necesidades.
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
No hay comentarios:
Publicar un comentario