jueves, 5 de marzo de 2009
Rendijas
El silencio, es un compañero mal hablado, nos insta a invadir con locas palabras nuestra existencia. Me lo dejaste después de que te fuiste, entonces nos hemos reencontrado, sufrimos ambos del exilio. Ambos deseamos sueños imposibles de ser, locos inundando los cráteres de nuestra materia gris. Locos somos y somos compañeros de juerga, pues ambos nos bebemos hasta la última gota, el licor sabroso de pensarte y desearte vida que ya no eres mía. Y ya nos hemos hecho tan grandes amigos que el tiempo se nos pasa tranquilo, y las gotas que caían de mis anhelos, ya no asoman en las rendijas. Ya me parece solo haberte imaginado como un ser grandioso y mitológico, esto me lo corea el silencio, diciéndome si, si, es una mitología pura, entonces cierro mis ojos y te imagino. Y ahora ya me parece que somos tres en una superficie negra y fría, que solo destila brillantes reflejos de mi propia soledad. Y comienzo nuevamente a crearte en mí, de pensamientos frustrados por no poder alcanzarte y besarte con mis palabras sonoras y de insolencia, con mis amaneceres y ocasos de calientes abrazos y besos robados. Y es como si me hubiesen destripado, así siento y el silencio se ríe y me habla obscenas palabras a mi oído.
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
No hay comentarios:
Publicar un comentario